Derecho

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2 de abril de 2025

Cambios demográficos y sus efectos económicos en el largo plazo

Por: Juan Camilo Villar Otálora

Recientemente el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) dio a conocer un informe que detalla el comportamiento y la evolución de las estadísticas vitales en Colombia con corte a 2024. En términos generales, estos datos son cruciales a efectos de conocer las dinámicas de los patrones demográficos, que determinan la planeación, seguimiento y evaluación de políticas, planes, programas y proyectos enfocados al desarrollo económico y social de la población en el largo plazo.

A efectos de comprender la relevancia de lo anterior, es pertinente dar al lector un breve contexto sobre los procesos de transición demográfica y epidemiológica. El primer proceso se define como el cambio que experimenta una población cuando pasa de tener altas tasas de natalidad y mortalidad a tener bajas tasas, mientras que el segundo, describe los cambios a largo plazo en los patrones de enfermedad, muerte e invalidez de una población.

Del informe llama poderosamente la atención la reducción en el número de nacimientos que para 2024, y frente a 2023, experimentó una variación de -13,7%, siendo la cifra más baja reportada durante la última década (445.011). Es de mencionar que esta disminución se ha dado de manera sostenida desde 2018 y se ha acelerado desde 2022 impulsada, principalmente, por las variaciones registradas en los departamentos del Cesar (-36,1%), Amazonas (-35,0%), Atlántico (-34,4%), Magdalena (-34,1%), y Chocó (-33,5%).

Al analizar el comportamiento de las tasas de fecundidad, tanto general como específica, también se evidencia un caída significativa. La primera, entendida como el número de nacidos vivos por cada 1.000 mujeres entre los 15 y los 49 años, en 2024 fue de 32,0, lo cual representa 21,3 nacidos vivos menos que en 2015 cuando por cada 1.000 mujeres en este intervalo de edad, se registraron 53,3 nacidos de este tipo. La segunda, definida como la frecuencia de nacimientos por cada 1.000 mujeres según grupo de edad quinquenal, ostenta una caída generalizada durante la última década.

Para el caso, el grupo compuesto por mujeres entre 15 y 19 años registró la mayor disminución (-51,1%) frente a 2015, representando 33,8 nacidos vivos menos. Para los grupos comprendidos entre 35 y 54 años, dichas disminuciones fueron del orden de -26,7% y -36,2%, respectivamente. Por georreferenciación, el departamento de Caldas exhibe las tasas más bajas en mujeres entre 25 y 44 años (21,8) y la ciudad de Bogotá D.C. en mujeres entre 15 y 19 años (18,3) y entre 20 y 24 años (41,2).

Ahora bien, el número de defunciones no fetales en 2024 evidenció un incremento de 2,0% frente al año 2023 lo cual se refleja en la tasa de mortalidad, la cual pasó de 5,1 defunciones por cada 1.000 habitantes en 2023 a 5,2 en 2024. Por sexo, esta tasa fue de 5,8 defunciones por cada 1.000 hombres y de 4,6 por cada 1.000 mujeres, reflejando un aumento de 0,1 en ambos casos frente a 2023. Al respecto, es pertinente mencionar que exceptuando los años de la pandemia (2020-2022), estas tasas han tenido un comportamiento relativamente estable en el tiempo.

A nivel grupal, el ciclo de vida del adulto mayor en 2024 registró una disminución frente a 2015 pasando de 27,4 defunciones por cada 1.000 habitantes a 24,4 en 2024. En la misma dirección, la tasa de mortalidad para el grupo denominado como adulto maduro pasó de 3,6 defunciones en 2015 a 3,4 en 2024. Así las cosas, estos resultados dan cuenta de un proceso de envejecimiento poblacional, en el que una mayor proporción de personas alcanzan edades avanzadas, mientras que las tasas de mortalidad caen de manera paulatina.

Así las cosas, el proceso de transición demográfica por el cual atraviesa el país traerá consigo una serie de transformaciones profundas de largo plazo en su estructura económica y social. En línea con lo anterior, estos cambios modificarán la estructura poblacional aumentando la relación de dependencia toda vez que, en el tiempo, el peso de las personas improductivas (menores de 15 y mayores de 60 años) sobre aquellas productivas (entre 15 y 59 años) será cada vez mayor.

En materia de crecimiento económico, menores tasas de natalidad traen consigo una desaceleración de la Población en Edad de Trabajar (PET), lo que, en ausencia de incrementos significativos en la Productividad Total de los Factores (PTF), ralentizaría el ritmo de expansión del Producto Interno Bruto (PIB). A largo plazo, esta situación supone el reto de implementar alternativas como prolongar la vida laboral, promover incentivos a la migración o fomentar la automatización y digitalización de procesos, con el fin de compensar la reducción del capital humano.

Dado esto, el mercado de trabajo experimentaría escasez de oferta en ciertas actividades económicas, por lo que su competitividad e innovación, a nivel general y sectorial, se verían seriamente afectadas. De forma paralela, con el aumento de la proporción de adultos mayores, el desafío de largo plazo consiste en flexibilizar de manera gradual las condiciones laborales actuales, así como en otorgar beneficios empresariales y tributarios a sectores dedicados al cuidado y asistencia del adulto mayor, así como a la industrias relacionadas con la economía plateada.

Quizás el efecto más significativo recae sobre los sistemas de salud y de pensiones. Respecto al primer sistema, a medida que la población envejece, los costos de los servicios tienden a aumentar, por lo que es necesario rediseñar la actual asignación de recursos con el fin de garantizar su sostenibilidad financiera a futuro. La realidad del segundo sistema es similar toda vez que la base de contribuyentes activos, que financian a una población creciente de adultos mayores, es cada vez más reducida. Para los efectos, en ambos sistemas es urgente implementar reformas estructurales que reviertan la tendencia actual.